A los cinco años tuve un triciclo. En la parte trasera había un pequeño portabultos con el que ayudaba a mi madre a traer parte de la compra. Años después, la magia de la noche de Reyes tuvo efecto al abrir la puerta de la despensa cuando mi padre me mandó a buscar algo como excusa para que descubriera mi regalo: ante mis ojos apareció mi primera bicicleta.
Al principio mantenía el equilibrio gracias a las dos ruedas pequeñas colocadas a ambos lados de la rueda trasera. Al poco tiempo ya pude quitarle una y, algo más tarde, la otra, pues ya era capaz de mantener el equilibrio.
Este fue el principio de grandes aventuras por la selva que rodeaba el parque de mi barrio. Viajes siempre por la acera si quería salir nuevamente con mi bici, que se iban alargando en el tiempo y en el espacio. Competiciones con otros niños del barrio a ver quién corría más y, sobre todo, conducir al aire libre.
Como no podría ir por la carretera, lo que hacía era cruzar junto a mi casa, donde la vía era más estrecha y pasaban menos coches. Desde aquí el tramo de acera para poder circular era lo suficientemente largo como para recorrer medio barrio sin tocar el asfalto. Toda una suerte, teniendo en cuenta las limitaciones y lo obediente que era yo. Esto a su vez me provocaba un conflicto: muchas veces, al pasar por delante de un zaguán, algunas vecinas se enfadaban por pasar a toda velocidad y me invitaban, bastante enfadadas, a circular por la carretera.
Soñaba con poder viajar por la isla pedaleando y hacer noche cada vez en un lugar diferente. A veces salía cuando cesaba la lluvia y corría al pasar sobre un charco para salpicar el agua, porque le daba más emoción al viaje; aunque eso sí, siempre que no hubiera alguien alrededor para no mojarlo.
Una vez, humedecida la llanta por la lluvia, fallaron los frenos en una curva cerrada y me detuvo el murete de un pequeño jardín. Sin saber cómo, me vi encima del parterre abrazado a un árbol y con la rueda delantera empenada por el encontronazo. Esto me sirvió de lección muchos años después, cuando compré mi bicicleta de mountain bike, en mis recorridos por las carreteras del norte de la isla de Gran Canaria.
Yo iba creciendo y mi bicicleta se hacía mayor, pero del mismo tamaño. Un mal día cayó herida de muerte. Ya no podía conmigo y el cuadro acabó partiéndose. Hasta entonces, ese fue el día más triste mi vida. Las tardes no eran las mismas, ni los sábados o los domingos. A partir de ese momento tuve que buscar la felicidad en forma de balón de fútbol, porque mis padres no podían hacer un esfuerzo económico para regalarme otra, ni yo lo pretendí.
Aquella bicicleta significó mucho para mí. No solo porque fue mi fiel compañera de viaje sino porque siempre se quiere más aquello que más cuesta conseguir. En este caso no al niño de diez años, sino a mis padres, que se sacrificaron para hacerme feliz un día de Reyes. Los camellos de Sus Majestades no siempre tenían hueco en sus alforjas para traer un regalo, pero ese año, sí lo tuvieron. Lo agradecí siempre. Disculpé las veces que no fue posible, porque comprendía que tenían que atender a muchos niños en el mundo, los camellos eran muy pocos y el camino a recorrer, muy largo.




Podría ser otra versión de la historia lo que comentas. Como otras tantas que tienes en tu blog, que recomiendo desde aquí.
Muchas felicidades para ti tambien. Que se cumplan tus deseos el próximo año.
La primera bicicleta que entró en mi casa fue un regalo de Reyes para mi hermana pequeña. La ilusión con la que los Magos la encargaron y fueron capaces de meter en casa fue increíble, pagado solo con la intensa luz con la que sus pequeños ojillos desprendían a la mañana siguiente.
Te deseo un feliz año y mejores Reyes.
Bienvenida Stellamantrana. Sí, creo que fui afortunado, sobre todo porque no vivíamos en las condiciones desahogadas que otros tuvieron, y significó un esfuerzo por parte de mis padres.
Siento que no hayas podido ver las fotos, pero hay un problema en el servidor donde las tengo alojadas. Espero que se resuelva pronto.
Saludos.
Tuviste suerte al tener una bicicleta siendo niño. A mí los reyes me pasaron por alto. Cuando logré una ya era mayor, y había perdido el encanto de ser libre andando en ella.
Me fue imposible ver tus fotos o entrar en otros cuentos.
Volveré en otro momento.
Hasta pronto.
Muchas gracias Carme. Te deseo lo mismo para ti.
Un abrazo.
Hermoso regalo Paco. Mi primera bicicleta fue un triciclo de madera con el que corria por el pasillo. Luego lo heredó mi hermano pero yo siempre lo consiedré mio y aunque las piernas eran demasiado largas a la menor ocasión me subia y corria por el pasillo para demostrar quien rea la dueña.
Salut y Feliz navidad. Te deseo lo mejor para ti y los tuyos en el nuevo año que pronto vamos a empezar.
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Muchas gracias, anónimo.
Me ha gustado mucho el relato, sobre todo por ese protagonistas que es la bicicleta. Me he visto muy reflejado en el.
Un gran invento, si señor, la bicicleta.
Muchas gracias y bienvenido, Marcos.
Saludos.
Hola! Enhorabuena por el blog. He estado escuchando algunas pistas de tu álbum, muy relajantes. Reflexiones de 6 cuerdas tiene un toque de jazz.
Saludos