Los guitarristas también son personas.

En los últimos años, durante el festival de guitarra de Las Palmas de Gran Canaria, he tenido la oportunidad de asistir a clases magistrales de algunos de los guitarristas que participan en el festival. En esta ocasión me centraré en algunos en los que su participación no fue una clase al uso, como la mayoría podrían esperar.

Cuando me decidí a asistir a algunas de las clases al principio no sabía qué podía esperar en cuanto al contenido, sobre todo porque eran clases de dos o tres horas y nunca antes había asistido a ninguna. En las primeros años me encontré la gratísima sorpresa de conocer a David Russel, Costas Cotsiolis, Gerardo Núñez, de los que sorprendió la sencillez y humildad a la vez la profesionalidad de hacerse entender en sus explicaciones, trabajando sobre un aspecto determinado de la técnica guitarrista y a partir de ahí, ir corrigiendo la ejecución de los más decididos que se acercaban a tocar una pieza delante de los maestros.

Pero de eso hablaré en otro artículo. Ahora lo que quiero es hacer una pequeña crítica, más bien análisis, de otro aspecto paralelo al puramente didáctico. Debo decir aquí que mis héroes siempre han sido: Pat Metheny, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, Andrés Segovia, Julian Bream y Jim Hall. Más por su musicalidad y “sonido” que por la técnica individual, que siempre para mí ha sido un aspecto secundario. De todos mis héroes, como dije antes, tuve la suerte de asistir a una charla con dos de ellos: Jim Hall y Manolo Sanlúcar.

Durante el concierto de la noche anterior a la clase magistral, tengo que confesar que Manolo Sanlúcar me desconcertó un poco. Bueno, realmente bastante. En un momento cuando creo que iba por el segundo tema, interrumpió el concierto quejándose del frío que entraba por una puerta abierta que había al fondo del escenario, en uno de los laterales. Tras lograr que la cerraran y dar una pequeña explicación, continuó con su concierto. El concierto me encantó, como siempre. Pero claro, algo flotaba en el aire que no era muy normal. Y esto despertó más aún mi curiosidad para asistir al día siguiente a la clase magistral.

Y llegó el ansiado día. Se presenta, y acuden muchos de los aficionados al flamenco, aunque me extraño no ver a algunos gitanos que suelen trabajar en la isla y que acuden siempre a los conciertos de flamenco y se hacen notar, como familia que siempre suelen ser de alguno de los músicos que vienen acompañando a alguno de los guitarristas que por aquí han venido. Y eso me hizo recordar que el día anterior tampoco estuvieron en el concierto de Manolo. En fin, comienza Manolo con la charla y hace una explicación de los orígenes de la música, historia de España, desde los árabes hasta nuestro tiempo, y de la evolución de la música en el resto de Europa.

Mientras yo estaba alucinando con tan genial explicación, los que habían llevado su guitarra para aprender tres o cuatro falsetas, comienzan a incomodarse. Y empieza a respirarse una cierta decepción en el ambiente. A medida que Manolo iba explicando su visión del flamenco y reclama a los músicos que partan de aquél origen y evolucionen a partir de ahí y no necesariamente desde una fusión como han optado por hacer otros guitarristas como Paco de Lucía o Gerardo Núñez, con armonías jazzísticas, brasileñas, etc., crecía por momentos la decepción.

Yo seguía alucinando, maravillado ante tanta cultura, y cómo defiende su cultura, la cultura de un pueblo tan rica como la flamenca, de una manera vehemente, pero dejando siempre claro que no tiene nada en contra de las demás culturas ni las demás músicas, la gente iba quedándose con el mensaje “sonoro” de sus palabras, no con el contenido. Y claro, lo único que querían eran unas falsetas que nunca tuvieron.

Como resumen me quedo con dos detalles de la magnitud de esta persona: por aquella época tenía en su casa a uno de los guitarristas que le acompañaban. Vivía en su casa, aprendía sus enseñanzas, trabajaba con él, y sólo a cambio de que como gitano que era, se abriera al resto de culturas, se interesara por otras artes, como la pintura, etc., y otras músicas. Por otro lado, también explicó los motivos por los que tuvo aquella actitud durante el concierto, interrumpiéndolo hasta que cerraran la puerta. Explicó que a su edad ya había tocado en toda clase de sitios y circunstancias, y ahora lo que pedía era un poco de respeto, tanto para él como músico como para su cultura, el flamenco que tanto ama.

Después de esto es mucho más que un héroe para mí. El autor de Fantasía para guitarra y orquesta tiene dos libros editados que desde aquí recomiendo expresamente: “Sobre la guitarra flamenca”, donde explica los orígenes de la guitarra flamenca y “El alma compartida”, autobiografía.

Aquí también me interesó mucho su opinión sobre los derechos de autor, ya que a la vez que flamenco también es directivo de la Sociedad General de Autores y Editores. En un próximo artículo que estoy preparando sobre los derechos de autor, comentaré lo que me contestó.

El siguiente es un pequeño vídeo de un tema con orquesta:

 

Aquí hay una reseña visual de su curso en Córdoba

Entrevista en Canal Sur 2:

Aquí toca por Alegrías un fragmento de la película Flamenco de un grande del cine: Carlos Saura.

Jim hallEn otra ocasión la clase fue con Jim Hall. Vino muchísima gente ese día a Gran Canaria, incluso de Tenerife vinieron tanto al concierto como a la clase a conocer al maestro.

Recuerdo que vino con un pianista, bajista y creo que un batería. Y comienza el concierto. Todos hemos asistido a conciertos y sabemos que por alguna razón hay ocasiones en que el volumen al principio no era el más adecuado, o la ecualización. Pero pasaba el tiempo y los temas, y la cosa continuaba igual. Esa noche estaba en un asiento de la derecha de la sala. Él se puso de frente al pianista dándome la espalda a mí y los que estábamos por esa parte del patio de butacas. Además la guitarra prácticamente no se oía. Y seguían pasando los temas y yo seguía oyendo el piano y viéndole el culillo a Jim. Hubo un momento en que parecía que comenzaba a oírse algo, pero él se dirige al amplificador, toca el volumen y se acabó la magia.

Al final del concierto, pude hablar con un amigo, que estaba en un anfiteatro justo frente a Jim. Se diría que Jim tocó para él. Y, claro está, si pudo escuchar algo. Afortunado que fue.

Al día siguiente en la clase magistral comenta Jim que a la altura de su vida, creo que tiene actualmente 78 años muy bien llevados, todo hay que decirlo, el busca la pureza del sonido. Por esta razón, prefiere que de su guitarra salga el sonido tal y como suena en su caja de resonancia, sin que pase la señal por ningún circuito. Muy poco volumen eléctrico. Y está bien que piense así. Yo sin embargo digo: teniendo en cuenta el tipo de guitarra del que hablamos, electroacústica, no puede pretender que todos oigamos en la sala su sonido natural. Es imposible.

Ahora supongamos que podría llegar a escucharse. Lo mínimo que podría tener en cuenta es que yo también estaba en la sala y pagué la entrada para escucharlo, no sólo mi amigo. Mire al frente del escenario y toque para todos. Así el sonido llegará a los oídos de toda la sala. Pero claro, si usted se interpone entre la fuente del sonido y el espectador… pasa lo que pasó.

Bueno. Después de tocar un par de temas, que ahora pude escuchar, pero siempre dentro de su filosofía “poco plugged”, donde pude disfrutar de su maestría, continúa la clase y de repente, por las preguntas que le hacían, le pasa lo que algunos, sobre todo norteamericanos, que llegan a las islas. Y claro, como siempre, el comentario es inevitable. “Bueno veo que aquí conocen mi música. Claro es que cuando me dijeron que venía a tocar aquí lo busqué en el mapa porque no sabía dónde estaban las Islas Canarias, y me dijeron que estaban al oeste de África.” -poco más o menos lo que vino a decir algo sorprendido.

Señor Hall, ya ve que siempre en la vida aprendemos algo, aunque se haya vivido tantos años. Ojalá lo haya comentado con algún paisano suyo y así aprendan dónde está Canarias y que aquí la gente hace muchos años que se ha interesado por su música y la de muchos de sus compañeros de profesión.

Al final, se ve que el hombre no estaba para muchas lecciones, y cuando le preguntaron sobre su técnica y cómo improvisaba, se limitó a decir que en algunos temas, imaginaba que escuchaba el sonido de los pájaros y se dejaba llevar. Vale está bien como crear un ambiente propicio, pero esa no era la pregunta. Finalmente, le da la vuelta a la clase y hace una ronda en la que cada uno de los asistentes teníamos que comentar por qué estábamos allí. Por supuesto, con esto se terminó la clase magistral. Creo que él aprendió algo ese día. Nosotros estuvimos encantados de estar un par de horas con el maestro y hacernos la foto para prensa con él. Yo particularmente lo disculpé porque es un gran maestro, gran persona y uno de mis héroes.

Aquí tienes un vídeo

 

Y aquí toca a dúo con otro grande: Bill Brisell

 

 

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Acerca de Proyectopcd

Utilizo la música, fotografía o los relatos para poder vivir mi utopía.
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2 respuestas a Los guitarristas también son personas.

  1. proyectopcd dijo:

    Si, es una gozada escucharlos, con la guitarra y sin ella. Recuerdo el vídeo de Jim de tu blog, y creo que te comenté algo ese día. Desde luego compartimos gustos musicales.

    Lo que está haciendo Manolo Sanlúcar por el flamenco, aunque lo tachen de purista, que creo que no lo es, es impresionante. Lo fundamental es encontrar tus verdaderas raíces y buscar desde ahí tu camino. Eso es lo que él pretende, pero muchos entienden justo lo contrario. Una pena.

    Saludos.

  2. Salva dijo:

    Me ha encantado esta entrada. Cuánto daría yo solo por escuchar hablar de su música a esos maestros. Desde luego, comparto gustos contigo. Lo de Manolo Sanlúcar es genial, tanto su arte como su actitud hacia el flamenco.
    En cuanto a Jim Hall, del que me declaro también admirador, en el blog he puesto algún vídeo suyo, su actitud me recuerda un poco al ensimismamiento de Miles Davis cuando se ponía a tocar su trompeta bajito y de espaldas al público… no tocaba para tu amigo, tocaba para él.

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