El tractor amarillo. Relato

Como siempre pasa cuando llueve en esta tierra nuestra, tan agradecida pero tan frágil, se derrumbó un pedazo de carretera. En esta ocasión fue el tramo de la depuradora en Almatriche, que cruza el barranco de uno a otro margen, donde quedó inutilizado un carril. Como buen español, desde que empezó la obra acudo con otros dos amigos a practicar nuestro deporte favorito: ver trabajar. Estamos jubilados y por las tardes, de camino al local de la asociación de vecinos para la partida de dominó y el ron de rigor, nos paramos en un lado de la carretera y vemos la evolución de las obras e intercambiamos algunas palabras con los trabajadores. Tras dos semanas, ya todos nos habíamos acostumbrado a estos ratitos de charla.

La circulación no estaba regulada por el operario que siempre en el momento más inoportuno, como si de un truco de magia se tratara, de un giro de muñeca hace desaparecer la flecha blanca sobre fondo azul de la piruleta que sostiene, y muestra esplendoroso el círculo rojo quebrado por una línea blanca, obligando a frenar de cualquier manera a los automovilistas. Había un semáforo de obra, de esos pequeños y autónomos y que al menos avisa con antelación, cambiando a ámbar.

Sin embargo, en esta ocasión el conductor no se percató de que el semáforo, al ver que éste hablaba por el móvil mientras conducía, enrojeció de ira… Tras derrapar unos metros al hundir el pedal del freno, el vehículo quedó perfectamente encajado en la parte trasera del tractor amarillo que cargaba de tierra un camión unos metros más adelante. El operario ya había saltado al firme al escuchar el frenazo y fue testigo directo del ensamblaje. Lo sorprendente fue ver cómo el conductor salió del vehículo, un seat gris, dando voces, como discutiendo consigo mismo. Parecía haber enloquecido del trauma, pero al girarse, pude ver cómo lo que parecía ser un arrebato de locura era una discusión que mantenía con alguien al otro lado de la línea inalámbrica. Ante la atónita mirada del tractorista iba de un lado para otro con el dispositivo de manos libres, lanzando sus brazos al vuelo en acalorada conversación.

Cuando al fin su bigote gris, muy poblado, se detuvo, notó el pinchazo en su nuca de los ojos del maquinista. Se giró bruscamente y fijó en él su mirada. Miró el coche, y volvió a mirar al tractorista, algo agitado.

—¿Qué pasó? -interrogó el hombre del mostacho.

—No sé amigo, yo estaba trabajando… -contestó el tractorista en tono socarrón.

—No vi el semáforo… ¿qué hora es? -dijo el conductor tras mirar a su alrededor.

—Casi las seis.

—Tengo que llamar a casa para decir que voy a llegar un poco tarde. De paso, aprovecho para llamar a la grúa. ¿Tiene un cigarrillo?

Al día siguiente en nuestra charla vespertina, el tractorista me dijo que en un primer instante se tuvo que reprimir para no lanzarse al cuello de aquél hombre, al ver la «naturalidad» con que le hablaba. Sin embargo, optó por fumarse un cigarrillo con él. «Al menos no pasó nada. Como los bomberos tuvieron que traer una grúa para levantar el tractor y sacar el coche, nos ganamos un par de horas extras sin trabajar» -dijo en tono reflexivo.

Una anécdota más que contar a los nietos y en el club. Curiosos personajes…

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Acerca de Proyectopcd

Utilizo la música, fotografía o los relatos para poder vivir mi utopía.
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4 respuestas a El tractor amarillo. Relato

  1. proyectopcd dijo:

    Pues será, amigo Juanjo. ¿Te apuntas?

    Saludos.

  2. Fotobjetivo dijo:

    Que bueno ese relato PCD. El coche son maquinas poseídas a las que habría que hacerles un exorcismo… o quizás deberían hacernos el exorcismo a nosotros? va a ser eso.
    un saludo.

  3. proyectopcd dijo:

    Sí. Es muy curiosa la capacidad de transformación que tenemos los seres humanos. Y la capacidad de adaptarnos rápidamente a la situación más inesperada en que nos podamos encontrar de repente.

    Saludos.

  4. micromios dijo:

    Una anécdota curiosa. Los conductores siempre me sorprenden. Dentro del coche parecen sufrir un cambio que al salir dejan en el asiento. He visto hombres y mujeres muy educados, ladrar como lobos. Tocar el claxon a silenciosos personajes y lanzar terribles insultos a jóvenes timoratos.
    Salut

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