Hormigas. Relato.

Aquella hormiga le había salvado la vida.

Las hormigas, como nosotros, tienen su propia forma de vida. Trabajan, comen, y se relacionan como nosotros. Están organizadas jerárquicamente y tienen sus propios jefes, a los que tampoco eligen, como nosotros.

Ayer una de ellas leía la prensa para estar al día, como siempre tras su jornada de trabajo. Su rotativo escapa a la vista de los seres humanos, nos pasa siempre desapercibido, tanto por su tamaño como por el material en que está impreso. Ellas, como son muy ecológicas e inventaron el reciclado hace miles de años, imprimen el periódico en pequeños trozos de hojas de árboles que nosotros confundimos con cualquier otra hoja, que son a su vez ilegibles para nosotros, pues necesitaríamos un microscopio para ver la grafía que utilizan. Trabajo que sería totalmente baldío porque utilizan un lenguaje que ningún ser humano es capaz de entender. Además, son muy leales y, por su propia «hormiguidad», ninguna transgrediría ese código secreto para revelar el códice de su lengua.

Una de las noticias que leía, era la muerte de una compañera de batallón, que había echado de menos todo el día. Según las fuentes del periódico, había muerto en extrañas circunstancias. Ellas estaban acostumbradas a morir aplastadas, tanto por otros animales, como por pisadas de seres humanos, de todos los tamaños y tallas, como por vehículos, ya sean de tracción mecánica o animal. Pero ésta en concreto, había muerto de un violento golpe contra una pared, al parecer de una patada de algún desaprensivo (o desaprensiva…). Un hecho realmente desafortunado, pues las estadísticas reflejan que hasta ese momento no constaba una muerte de estas características en la colonia.

Al levantar la vista de la hoja, con la mirada perdida y las antenillas algo hacia atrás, recordó que ella misma una vez escapó de una muerte segura cuando casi fue aplastada por una pisada, pero gracias al dibujo de la suela fue a quedar en medio de uno de los zurcos que tenía dibujada en su parte inferior y pudo ver alejarse aquél zapato asesino. ¡Qué mala suerte tuvo, mira que morir de esa manera…! -pensó.

Pero lo que la hacía estar apesadumbrada era el recuerdo de aquella noche en la que le había salvado la vida. Unos chiquillos estaban jugando a tirarle piedras a una lata y, cosas del destino, todos sabemos que hace ya mucho tiempo los niños no juegan a estas cosas; pero justo en esa ocasión una piedra rodó ladera abajo y cobraba más y más velocidad. Las hormigas estaban terminando de cargar parte de una cáscara de maní para llevarla a su dispensario, y estaban, como de costumbre, dedicadas por entero a su tarea. En ese momento recibieron un aviso de la hoy difunta hormiga, que les alertaba para que abandonaran la carga y corrieran a refugiarse tras un árbol que había a escasos centímetros. Un segundo después vieron rodar aquella piedra cuesta abajo a gran velocidad y pudieron suspirar aliviadas. Ese día la agasajaron con una gran cena, a modo de agradecimiento para con su compañera protectora.

Desde ese día siempre estaba pendiente de si pudiera precisar algo para ayudarle, pero nunca pudo corresponderle como hubiera querido. Y claro, ahora lamenta no haber podido estar cerca para evitar el absurdo accidente que, como tal, es imprevisible.

En el fondo los recuerdos le han traído un gran vacío en su interior. Porque, no lo duden, las hormigas son iguales tanto física como mentalmente: duras por fuera, para poder protegerse de los peligros que las acechan y extremadamente blandas en su interior, como invertebrados que son. La vida las ha hecho así.

Inmersa en estos pensamientos se fue quedando aletargada y con la hoja de periódico (de ahí viene el nombre que le hemos dado los seres humanos a la hoja de un libro, revista, periódico, etc., de cuando fuimos ecologistas), sobre su cuerpecito de hormiga que a la vez le sirve para protegerse de la humedad del ambiente, ya que esta noche el tiempo es desapacible, como suele pasar cuando ocurre una pérdida así. Descansa tranquilamente, porque, a pesar de todo, hechos así, pasan con mucha frecuencia en la «colonia». Y mañana queda un duro día de trabajo por delante, pues el invierno está ya muy cerca, y hay que terminar de llenar la despensa.

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Acerca de Proyectopcd

Utilizo la música, fotografía o los relatos para poder vivir mi utopía.
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3 respuestas a Hormigas. Relato.

  1. proyectopcd dijo:

    Una vez más coincidimos completamente. Una de las cosas que más me gustan de este hombre es su capacidad de asombro hacia los demás, que demuestra sin tapujos. Esto habla de su sencillez y demuestra que los grandes, en muchos casos, están lejos de ser divos que miran por encima del hombro a los demás.

    Saludos.

  2. proyectopcd dijo:

    Pues me alegro de coincidir Micro… y que te haya gustado encima. Yo admiro las hormigas y las abejas por lo currante que son. Y tanto vago por ahí…

    Saludos.

  3. micromios dijo:

    Bonito relato. Sientes la vida de las hormigas casi como humana.
    Las hormigas son unos de mis bichos preferidos. He visto un monton de veces Antz.
    Salut

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