De acampada.

Ya estábamos cerca. Un repecho más y avistaríamos la cueva. ¿Estaría todavía, o la lluvia la habría destruido? Treinta años después ahí estaba, con una pequeña explanada que hacía las veces de porche. Todo un lujo para pasar unos días lejos del mundanal ruido, y si hay suerte, por la noche recrearse en un cielo estrellado en el que poder perseguir estrellas fugaces y teorizar sobre el origen del universo. A la derecha de la cueva sigue aquel árbol, ahora bastante más crecido, y justo unos metros más allá el camino que nos llevaría a un pequeño charco, que con la lluvia del invierno y la primavera, seguro está colmado y podremos darnos un buen baño de asiento y refrescarnos de este calor inmenso de agosto.

Pero antes decidimos entrar en la cueva para ver su estado. Aún sigue ahí el pequeño muro lleno de tierra donde los pastores daban de comer a las cabras y ovejas que nos servía de poyo para descargar las pesadas mochilas a base de toda clase de laterío, y en el que no podía faltar la socorrida leche condensada. Por cierto, qué ricos aquellos bocadillos de caballa con pimientos que jamás pude comer si no estaba de marcha. Ahora gracias a la comida deshidratada y la pequeña cocinilla, no acabamos rotos de la espalda por el peso de la mochila y podemos darle mayor consuelo a nuestro más educado estómago.

Pasado el mediodía, la luz del sol no ilumina todo el interior de la cueva. Decidimos por fin desvestirnos una vez descargada la mochila e ir a tomar un buen baño. Nos vamos llevar unas cervecitas para que se enfríen en el agua y dar buena cuenta de ellas durante el bañito, y justo al dar un paso atrás, siento algo blando bajo mi pie. Miro a Juani y le digo:

—Esto no ha estado tan abandonado como creía. Como hace treinta años, acabo de pisar la «jiñada» de un desaprensivo o desaprensiva. Ya sabes que el hombre es el único animal que caga donde come.

—¡Qué asco! -exclama sorprendida.

Cojo algo de «pajullo», me limpio y con las latas de cervezas me dirijo al charco.

—La vida en el campo, Juanita. Desgraciadamente hay cosas que aún no cambian. Por eso tantas leyes y tanta poca naturalidad y naturaleza.

—Déjate de leyes ahora. Conmigo no te metes así en el agua. Límpiate bien antes de entrar -aseveró ella.

La pequeña piscina natural bebe de una pequeña cascada por la que el agua, tras rebosar, continúa su camino por una cascada mayor que cae violentamente sobre el lecho del barranco. Esta música perpetua por sí sola alivia la sed y refresca las ideas del caminante. Sólo la naturaleza es capaz de hacer obras de arte así.

Las cervezas ya estaban frescas, y apoyados sobre el murete de piedra, inmersos en este agua clara, sorbo a sorbo, disfrutamos de estas rubias espumosas. Poco a poco la luz anaranjada-rojiza típica de los atardeceres de esta tierra, pincelaba el paisaje y anunciaba la llegada de la noche.

De vuelta a la cueva, refrescados de amor cristalino, había que disponer todo para la cena. Un buen arroz a la milanesa, y queso de la tierra para picar. Más tarde un chocolatito caliente sentarían las madres y nos calentaría el cuerpo para contemplar más cómodamente el lienzo que aparecía sobre nuestras cabezas una vez había desaparecido el sol por completo. ¡Qué suerte que esté despejado y no alumbre la luna! Afortunadamente aún podemos disfrutar de espectáculos tan increíbles como este que nos ofrece a nuestra vista las perseidas en verano. Como hace treinta años. Como vieron nuestros antepasados. Al amanecer, volveremos a la realidad de la rutina diaria de la ciudad. Ahora, continuaremos con la charla sobre el origen del Universo, la construcción de las pirámides, ovnis, la Teoría de la Relatividad y de cómo poco a poco vamos destruyendo nuestro precioso planeta.

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Acerca de Proyectopcd

Utilizo la música, fotografía o los relatos para poder vivir mi utopía.
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2 respuestas a De acampada.

  1. proyectopcd dijo:

    Todavía quedan. Como se suele decir, si quieres puedes.

  2. Concha Huerta dijo:

    Un milagro encontrar un lugar asi donde poder volver a los origenes y desconectar de esta vida moderna. Yo siento que mi cuerpo me llama a esta busqueda. Un saludo

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