El asteroide que cambió el mundo. Relato.

MEMORIAS DE UN VIEJO QUE NO PUDO LLEGAR A SERLO.

EL PASADO DESDE EL FUTURO EN EL PRESENTE.

Hace un tiempo que la memoria me traiciona, pero creo recordar que fue allá por el 2010 o 2011, una época muy convulsa, justo antes de la caída del gran asteroide que asolara gran parte del planeta, cuando la gran ola alertó a la humanidad del gran peligro de la energía nuclear. La humanidad históricamente siempre había dado muestras de su poder de autodestrucción, desde épocas muy remotas. Y siempre por las mismas causas: la ambición de unos pocos. Concretamente en aquélla época, ya establecido el nuevo milenio, uno de tantos problemas que surgieron fue la necesidad de energía para cubrir la demanda como combustible para el transporte y para el suministro de electricidad para la creciente población del planeta.

Tras el triste acontecimiento de Japón, donde una gran ola (sunami) arrasó parte de su costa e inundó una central nuclear, ocasionando gravísimos desperfectos que tardaron años en reparar y causó tantos daños a los seres vivos, los detractores del uso de este tipo de energía renovaron la lucha a favor de otros tipos de energía alternativos que fueran mucho más respetuosos con el medio ambiente. Rápidamente las voces de los que veían que podría peligrar su negocio, en lugar de apuntarse a explotar otros tipos de obtención de energía, se aferraron a lo mismo. Lo que aducían era que era mucho más limpia y mucho más barata que otras alternativas. Hoy todavía, y tras las graves consecuencias de la caída de aquella enorme bola de fuego en el año 2012, no entiendo cómo algunos, de los pocos que sobrevivieron, aún defienden que hicieron lo correcto sin reconocer que todo fue por poder y enriquecimiento fácil. Años antes, si mi gastada memoria no me traiciona, como hace habitualmente, creo que en 1986 ya se había producido un accidente en una deteriorada central en Chernobil, en la frontera de las antiguas Ucrania y Bielorrusia. Las consecuencias fueron devastadoras y justo en la época en que pasó lo de la gran ola en Japón, idearon blindar la central construyendo una estructura de hormigón que la aislara del exterior, pues veinticinco años después de la catástrofe aún emitía una enorme cantidad radioactividad. Se decía que si se permanecía cerca de la zona diez minutos, se recibía la misma cantidad de radioactividad que cuando se exponía una persona a los efectos de los rayos X de una radiografía de las que se hacían en la época para poder hacer una exploración del cuerpo humano para poder detectar fisuras o fracturas en los huesos que quedaba registrada en una placa fotográfica y con la que tantas medidas de protección se debían tener en cuenta.

Lo curioso de todo aquello era que según estadísticas elaboradas años más tarde, el resultado de todas las inversiones necesarias para paliar los efectos nefastos que aún llegan a las nuevas generaciones de este año 2052, todo el dinero gastado desde aquél 2010 o 2011, no recuerdo bien, fue cien veces mayor de lo que se hubiera gastado en otras fuentes de energía mucho más saludables y que con el tiempo se mostraron eficientes. En el fondo la justificación era lo barata y limpia que resultaba. Nunca nada costó tan caro. Y cuántas muertes se hubieran evitado…

El caso es que en 2012, el enorme meteorito de fuego que cayó sobre un cementerio nuclear, cuyos inquilinos resultaron estar muy vivos, arrasó con la vida en muchos cientos de kilómetros a la redonda. El caos era total. Animales y personas yacían por todas partes en un estado que mejor no describir con detalles. Pero pueden hacerse una idea con las imágenes que nadie habrá olvidado, a pesar de que no sirviera de experiencia, del año cuarenta y cinco tras las bombas de Hiroshima y Nagasaky. Los defensores de la energía nuclear acusaban de crear pánico a los que defendíamos que era una equivocación continuar con la proliferación de ese sistema. Pero en el fondo, creo que pensaban que no podían dar marcha atrás ya, no sólo por el orgullo de reconocer que estaban equivocados, porque realmente lo sabían, ni por dejar de satisfacer su ambición. Realmente sabían que no había marcha atrás. ¿Qué hacer con lo que había puesto en marcha? ¿Dónde almacenar todos los residuos que resultarían de algo que está aún tan vivo? Y no me refiero a los residuos que resultaban del proceso de fusión nuclear, sino a todos aquellos que estaban siendo utilizados en pleno proceso. Y sobre todo, nadie quería detenerse primero.

Desgraciadamente la naturaleza demostró que aquella no fue la solución. Muchos pensaban que un terremoto haría la situación de una central nuclear incontrolable. Lo que nunca imaginaron que desde el cielo azul cayera tan grande castigo. De nada sirvió la inmensa fortuna que fueron amasando escondidos en sus grandes mansiones apartados de cementerios y centrales nucleares, porque nunca estuvieron lo suficientemente lejos de la gran ola expansiva que provocó el impacto del asteroide.

Pero como todo es susceptible de ser empeorado, los países que tenían la tecnología para detectar la sobrevenida de tan temido aparato de terror, calcularon la trayectoria donde podía caer y por dar como resultado unas coordenadas que eran favorables para sus intereses económicos en la zona, y poder luego prestar ayuda para la reconstrucción del país para que les estuvieran “agradecidos” durante varias generaciones y obtener una vez más pingües beneficios, no tuvieron en cuenta el cementerio que existía en la zona. El resultado fue el relatado. Algunos de los culpables aún lo recuerdan. Sus hijos también. Pero muchos inocentes no tienen la suerte de poder recriminarles tan burda actitud porque perecieron, los más afortunados en el instante. Otros tardaron, para su desgracia, en morir.

Desde mi isla, algunos recordamos con pena aquellos tiempos. La lección que nos dio la naturaleza y tuvimos que aprender a convivir con algunos de aquellos indeseables que sobrevivieron. Los errores casi siempre terminan pagándolos quienes no tienen culpa ni se benefician de los resultados de actitudes tan canallas. Pero eso fue tan sólo una pequeña parte de todo lo que sucedió. Aunque en el fondo las motivaciones fueron las mismas. Algún día contaré otro episodio. Si mi mente me lo permite…

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Acerca de Proyectopcd

Utilizo la música, fotografía o los relatos para poder vivir mi utopía.
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4 respuestas a El asteroide que cambió el mundo. Relato.

  1. proyectopcd dijo:

    Pues sólo decirte que me gustó mucho tu relato. Y esperemos que ese cataclismo no sea el de nuestras conciencias, porque lo triste es que en este caso sí podemos actuar. Contra las fuerzas naturales no. El tema nuclear lo entiendo como algo de nuestras conciencias también.

    Otro abrazo para ti.

  2. Siento que lo que he leído es de todo menos un cuento. Hace años, pues como unos diez, en un grupo de estudio de filosofía, antropología y sociología en el que estaba totalmente metida, hablábamos de algunas de estas cosas que este anciano de memoria frágil comparte con nosotros. No lo veíamos lejos y eso que, al ser de las más jóvenes, me costaba entender la claridad con la que hablaban mis compoñeros/as que superaban los 50. Había un sueño del que hablaban de manera recurrente. Hablaban de la gran ola. Eran muchos de los allí presentes los que habían tenido la misma pesadilla y, reconociendo que por momentos me encontraba bastante escéptica con este tipo de sueños, no puedo negar que me sorprendía e incluso asustaba, que gente de tantas partes del mundo pudiese tener la misma pesadilla, las mismas sensaciones, los mismos miedos. Creo firmemente que tenemos algún tipo de conexión y más cuando lo que nos une es nuestro amor por la vida en todas sus manifestaciones.

    Tu relato me ha enganchado de principio a fin. No me ha puesto más triste de lo que lo hacen las noticias de cada día.
    Creo, como tú bien dices en tu comentario a micromios, que hacer poquito es mucho. Si ya damos muestras de estar despiertos, de nuestra consciencia con el aquí y ahora por y para poder pensar en futuro, estamos colaborando para que la extinción no sea tan inminente.
    Sí, extinción. Cada día resuena más esa palabra en mis adentros. Con cada lectura, con cada nueva información, con cada acontecimiento, con cada … Ojalá me equivoque y ésta sólo sea una manifestación más de los miedos. Ojalá.

    Un abrazo, Paco.

  3. proyectopcd dijo:

    Estoy seguro de que haces muchas cosas. Ser buena gente y dar a los demás como haces con tu blog, es una. No hay que ser activista para cambiar las cosas. Creo que el día a día, con pequeños gestos, se hace mucho más.

    Saludos.

  4. micromios dijo:

    Me has puesto triste, no por la historia sino porque formo parte de los que vivimos y no hacemos nada por evitarlo. O hacemos muy poco.
    Salut

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