Un Sol y un infinito

Cuentan que un día tocó el Sol. Éste estaba algo apagado, como controlando su radiación. Internamente pasaba mucho calor y prefirió radiar menos energía para tener una temperatura más confortable. De esta manera vivía muy cómodo el Astro Rey. Pero un día apareció un infinito que vio su potencial. Instintivamente notó que el Sol podía dar mucho más de sí y no sólo dar más calor al mundo, sino mucha más energía positiva y vital. El mundo necesitaba de esta energía pero el Sol no quería quemarse.

Infinito comenzó a radiar su poder y poco a poco el Sol comenzó a brillar. Un mundo nuevo se iba abriendo a sus ojos, pero lejos de disfrutarlo plenamente, temía quemarse con su propio calor. La Luna se interponía con sus rayos misteriosos e interfería en el campo electromagnético del Astro todopoderoso con la variabilidad de sus fases: de cuarto creciente a decreciente pasando por la plenitud del plenilunio a la renovación de su fase de luna nueva. Y así cada veintiocho días.

El Sol nunca supo aprovechar el poder de las fases lunares a su favor. Pero era lógico, su misión era brillar y relucir ante el mundo. Poco a poco se fue perdiendo el poder de infinito que comenzó a sentirse contrariado, quizá también influenciado por el poder de la Luna. Él tampoco sabía del poder de sus fases. Ni tampoco sabía ponerse en el lugar del Sol.

Poco a poco las circunstancias hicieron que se produjeran tormentas solares que eran capaces de descargar fortísimas ondas electromagnéticas, capaces de anular cualquier frecuencia a su alcance. Otras, se volvía de un color triste y oscuro. Infinito se confundió al perder su poder y querer arreglar el Sol, pero éste es un Dios, y tiene todo el poder en sí mismo. Nadie puede apagarlo, ni nadie puede controlarlo.

El tiempo hizo que el Sol fuera vagando por la galaxia en busca del lugar más adecuado para recuperar su equilibrio y emitir la luz y la energía propia de su condición. Infinito, pues eso, al infinito. Buscando su sentido y recuperando el poder perdido. Mirando a la luna cada noche y sintiendo su influencia. Dándose baños de sol cuando puede y sintiendo su calor. Ahora lo disfruta de otra manera: en verano al amanecer y al caer la tarde, rehuyendo de las horas del mediodía. En invierno, disfrutando de la luz tan particular que ofrece.

El Sol sólo tiene un sitio, aunque desde La Tierra lo veamos en posiciones diferentes a lo largo del día. Incluso en las estaciones lo vemos más al sur en invierno y en verano algo más hacia el norte, pero esto ocurre por la inclinación del planeta. Parece que poco a poco el Sol va tomando conciencia de su lugar y del lugar de los planetas.

Infinito por su parte… pues eso: es infinito.

Anuncios

Acerca de Proyectopcd

Utilizo la música, fotografía o los relatos para poder vivir mi utopía.
Esta entrada fue publicada en Relatos y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s